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Hay una gran paz en la confianza de dejarse llevar

Hay una gran paz en la confianza de dejarse llevar
26 mayo, 2015 Rodrigo
Confiar-en-la-vida-nos-permite-fluir

Cuando nuestros padres nos cogían de la mano para cruzar la calle, sentíamos una protección que nos daba una tremenda seguridad y tranquilidad. Confiar en ellos era el secreto. Confiar en la vida nos permite fluir y nos hace felices.

Sabíamos que había que andarse con cuidado a la hora de cruzar la calle, porque en el caso de vivir un atropello, las posibilidades de salir con vida de él eran escasas. La mano de nuestros padres nos hacía avanzar sin miedo y relajados, ya que sabíamos que dejándonos guiar por ellos, nada malo nos pasaría.

El motivo del miedo estaba ahí junto a nosotros, pero la presencia más cercana de esa persona que nos cuidaba, nos daba el valor para superar el miedo y no quedarnos bloqueados por él en medio de la calle.

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La confianza era ciega, como es siempre, porque si no es ciega, hablamos de expectativas basadas en un conocimiento previo.

La confianza nos da seguridad

Lo que nos daba fuerza era la emoción que provocaba agarrar la mano de un adulto en el que confiábamos. Esa emoción era lo que alimentaba nuestra confianza y gracias a ésta, cruzábamos la calle.

Poco a poco nuestros padres nos fueron soltando la mano, y saboreamos el gusto de la independencia, que pusimos a prueba según la vida nos iba proponiendo nuevos retos.

Los miedos han seguido siempre a nuestro lado, pero la seguridad en nosotros, la confianza en nuestras capacidades, nos ayuda a avanzar enfrentándolos.

Cuando tenemos confianza en nuestras capacidades, el camino puede ser más o menos complicado. Nunca dejamos de caminarlo y cuando llegamos al final, descubrimos que hemos ido por donde queríamos ir.

Vida con sentido

Vemos el sentido a nuestra vida, comprendiendo la utilidad de las experiencias dolorosas. Cuando lo que aprendemos es a temer más que a confiar, creyendo que no valemos, no podemos, o no somos lo bastante buenos.

Entonces nuestros miedos nos dirigen llevándonos por un camino siempre difícil, y nada satisfactorio, para descubrir al final que no era por donde habíamos de haber caminado.

Dicho de otra manera, somos capaces de lograr muchas cosas en la vida. Algunas las alcanzamos porque nuestra esencia nos empuja a ellas, enriqueciéndonos.

Otras, son metas que perseguimos con ahínco, por que nuestros miedos nos informan de que seremos más poderosos, valorados y queridos al alcanzarlas.

El problema de éstas es que no nos ayudan a crecer y nos atascan en un bucle el ego perpetúa, pues una vez conseguida, busca otra más grande pero basada en lo mismo.

 aprender a fluir

Creer en nuestras capacidades

Por eso es primordial creer en nosotros sin compararnos con los demás. Así como esforzarnos por ser honestos con lo que sentimos y somos, integrando los miedos sin vergüenza. Por eso es vital educar a los niños fomentando su confianza.

Al creer en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser, la vida va surgiendo ante nuestros ojos. Proporcionándonos todo lo que necesitamos para crecer en cada momento, guiándonos a un destino que no necesitamos conocer.

De esta forma, vivimos la vida disfrutando de su transcurso en cada etapa.

Disfrutar de la vida no es pasarla entera riendo o extasiado de felicidad. Disfrutar, es vivir con plenitud todo lo que nos ofrece el hecho de despertar cada mañana.

 Así fluimos de manera cómoda, porque sabemos que lo que nos ocurre, nos hace avanzar y supone siempre una oportunidad para conocernos mejor a nosotros y a los demás.

Cuando uno se abandona a la confianza en la vida, las cosas pasan sin que haya que planearlas de exceso. Ni perseguirlas, ni acoplarlas en nuestra agenda.

La vida es dinámica, no estática.

Dejar que las personas y experiencias fluyan, es no sólo sano sino también extraordinariamente placentero.

Empeñarse en lograr nuestros propósitos en función del miedo, en lugar de lo que realmente nos mueve desde dentro, nos lleva a tomar decisiones que se alejan del verdadero propósito de nuestra existencia.

Es tristemente, lo que nos garantiza la infelicidad. Podemos sin duda, vivir momentos felices al alcanzar estas metas marcadas por el ego, pero son siempre eso, momentos que iremos persiguiendo como adictos.

Títulos académicos, pertenencias que consideramos de valor, parejas con unas características que creemos dignas de admiración. Una o varias cuentas bancarias que adoramos como a dioses.

Una elevada posición laboral, o cualquier cosa que haga sentir a nuestro ego satisfecho.

Fluir no es igual que abandonarse

Sí, las facturas hay que pagarlas y quien vive con miedo haciendo lo que el ego le dicta. Sin para rde repetir que no todo en la vida es grato. Sin embargo, la hipoteca se puede pagar de las dos maneras, le guste al ego o no.

Saber si estamos fluyendo o construyendo es fácil. Con observar nuestras emociones y las cosas, personas y circunstancias que nos rodean, es suficiente.

Angustias, insomnios, quejas, enfermedades, tristezas, afán por convencernos de que nos gusta nuestra vida, cansancio, sensación de estar atascados. De que nos cuesta lograr lo que nos proponemos, que no encajamos en el sitio donde vivimos o trabajamos, etcétera.

Son síntomas de que nos hemos equivocado de camino dejando que el ego nos haga elegir. Quien se deja fluir, vive cómodamente porque le pasa lo que debe pasarle, que no es ni más ni menos que lo que realmente desea vivir.

 confiar en la vida

Las personas que confían en el proceso de la vida y dejan que su intuición les guíe, tienen una vida rica en experiencias y son más sabias.

Usan la creatividad natural en el ser humano, que desarrollan cada día. Su perspectiva de la existencia y lo que les ocurre, es más amplia que la de las personas que buscan el control de todo, creyendo que son los únicos que pueden hacer que las cosas ocurran.

Quien fluye, ha comprendido que hay algo más grande que no vemos, que es más consciente de lo que parece y de lo que se puede fiar.

Solución

Acepta lo equivocado de las decisiones que te han llevado a vivir de forma errónea. Comprende que esas decisiones las tomaste con miedo (a ser rechazado, no querida, humillado, engañada, no valorado, abandonada…), y han conformado una vida que no te satisface y deseas cambiar.

No pasa nada, no hay familia, préstamos bancarios, estancamientos laborales, desempleos, o cualquier tipo de compromiso que tus capacidades reales no sepan dar la vuelta.

¡Créetelo porque es así! Confiar es lo primero, aprender a dejarse llevar por nuestra intuición es lo segundo, y lo tercero es contemplar con asombro cómo las soluciones llegan solas.

 Tan sólo deja de planificar cómo ha de producirse el cambio, porque hacerlo es seguir viviendo con miedo por mucho que te digas que estás fluyendo.

¡Y algo muy importante!, cuando has liado tu vida durante años, y tus egoicos patrones mentales están muy arraigados, no sientas temor de ver cómo lo que consideras importante desaparece.

Confiar en la vida es crucial, y la lección puede costar aprenderla, pero créeme, merece la pena.

 Dejarse llevarFluir es fácil siempre que tengamos confianza en la vida y lo que esta trae. Mientras creamos que unos nacen con suerte y otros no, y que la vida no es más que una lotería.

Oque cuando está muy liada, no queda más remedio que aceptar las causas de nuestros actos; entonces no hay forma de vivir con plenitud y morir satisfechos.

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2 Comentarios

  1. Noemí 2 años hace

    Maravilloso

  2. Autor
    Rodrigo 2 años hace

    Mil gracias, Noemí. Feliz de que te haya gustado.

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