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Patrones de comportamiento heredados. Aprendemos a tener miedo

Patrones de comportamiento heredados. Aprendemos a tener miedo
20 enero, 2015 Rodrigo
aprendemos a tener miedo

 

Existen innumerables formas de sentirse frustrado, tantas como personas habitamos el planeta. Cada uno de nosotros es un ser sumamente creativo aunque esta capacidad de crear la empleemos para fines poco agradables. El sentimiento de frustración puede derivar de sentirse privado de algo (objeto, estatus, etc.) que se desea o de alguien a quien se ama y no nos corresponde; en ambos casos el sentimiento es fruto de un afán de posesión no satisfecho.

Basta con comprender que jamás nadie puede poseer nada ni a nadie, tan sólo crearse el sentimiento de seguridad y equilibrio que se cree que da, según unas creencias personales y siempre coyunturales, el hecho de la posesión en sí.

Estas creencias derivan en la necesidad de sentirse amado como uno desea y no de otra forma, o de tener el control sobre algún objeto o cantidad de dinero. Es decir, primero surge la necesidad en nuestra mente, luego el deseo de posesión y finalmente la materialización del control sobre algo o alguien para suplir la necesidad. Esta es la teoría, vamos a la práctica.

Un ejemplo

“Margarita nace en 1942 en España. No pasa por encima de charcos de sangre de gente asesinada por una bomba como sus padres han hecho cuatro años antes: sus primeros recuerdos son dulces, juega en la calle sin muchos coches a su alrededor, con juguetes hechos con latas y restos de otras cosas. Sus padres han vuelto a reír y tratan de dejar atrás las imágenes espantosas de la guerra que han vivido, y ponen todo su empeño en que Margarita se crie alegre y ajena a los dramas que hace muy poco tiempo, ocupaban los pensamientos de toda la población.

Por supuesto hablan con ella de lo que fue la guerra, pero inconscientemente emplean todas las armas que tienen, en superar el dolor proyectando en Margarita los anhelos que tenían antes del conflicto bélico. Así ellos hacen su terapia particular, y utilizan la infancia de su hija para querer olvidar la sangre, las desapariciones de sus vecinos, la pérdidas de familiares y amigos, y los sentimientos de devastación e impotencia que se adueñaron de sus corazones hasta secarlos de pena y rabia.

La presencia de Margarita les reconforta pues ven crecer a su hija feliz y sana en un país que poco a poco va siendo capaz con mucho esfuerzo de todos sus habitantes, de salir adelante.

Esto les da fuerzas y les anima a suplir las necesidades que su hija va teniendo con el paso de los años. No es una niña caprichosa, porque no hay posibilidad de que lo sea, en un momento de escasez económica. Sin embrago, la niña va asimilando sin darse cuenta, una serie de conductas en sus padres, pendientes siempre de que crezca sana y feliz.

Margarita crece, estudia una carrera que le apetece y se pone a trabajar en algo que le gusta. Se casa con un chico que ha vivido una situación similar a la suya y juntos deciden ser padres. Así nace Mario, en el seno de una familia aparentemente perfecta, en la que no faltan ni el sustento económico ni el amor; y el pequeño se cría como lo han hecho sus padres pero en otro momento social, económico y político. Los padres del niño le educan en unos valores que creen dignos de ser reproducidos, como hicieron con ellos sus propios padres.

Margarita y su marido colman a Mario con todo lo que ellos no tuvieron en la infancia, y como tienen la posibilidad de pagar por todo lo que creen que hace feliz al retoño, lo hacen encantados. Por tanto, Mario tiene más probabilidad de convertirse en un adulto caprichoso.

Lo que Margarita no sabe es que ella fue criada con mucho amor y mucha necesidad de sus padres por olvidar la tragedia que vivieron antes de su nacimiento, y esa necesidad les llevó a estar pendientes de la niña en todo momento, imaginando qué podía ella desear o necesitar antes incluso de que ella manifestara algún deseo. Margarita no sabe que ha pasado toda su vida adulta, buscando y generando relaciones que reprodujeran la relación que tuvo con sus padres siendo una niña, buscando personas que cuidaran de ella.

El problema de Margarita es la dependencia de otras personas que se ocupan de cubrir sus necesidades, porque no sabe vivir de otra manera. Simplemente, en su cabeza no hay otra forma de vida, porque su necesidad y su dependencia de otros seres, es su forma de expresión en el mundo.

Así, Mario es educado de la misma forma, convirtiéndose en un adulto que genera de forma inconsciente, relaciones de dependencia tanto con sus amigos, como con sus parejas; porque gracias a ese tipo de relaciones, él puede expresarse en la vida como ha aprendido a hacerlo, como ha visto que se hace. Nadie le ha enseñado a no depender emocionalmente o económicamente de otra persona. Sin embargo, tiene la oportunidad cada día de su vida, de darse cuenta de cómo emplea esa necesidad de dependencia, cómo genera él solo esas relaciones que precisa, y cómo puede aceptar ese problema y solucionarlo. En su mano está su destino.”

Patrones de comportamiento heredados. Aprendemos a tener miedo.

 

La dependencia emocional y/o económica, siempre genera un sentimiento de frustración en nosotros, pues implica falta de libertad y una limitación en muchas áreas de la vida. Esto como es normal, nos acongoja.

Hasta aquí nada nuevo. La frustración puede enmascararse de muchas formas distintas, todo es cuestión de saber evadirse de la realidad, siendo la realidad ese estado de frustración perpetua. Para evadirnos de él solemos pasar horas viendo programas de televisión que nos permiten comprobar que hay otras personas igual de frustradas que nosotros. Son por ejemplo, el tipo de programas que muestran la mezquindad de ciertos individuos que buscan los trapos sucios de personas que los venden.

También podemos enfrascarnos en el trabajo si lo tenemos, y cargarnos con multitud de tareas que no nos corresponden sólo para no disponer de tiempo que emplear en enfrentarnos a situaciones que nos placen aún menos que el trabajo, fruto de la frustración. El dinero es una excusa perfecta para este tipo de evasión ya que siempre hace falta más.

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Otra forma estupenda de evasión consiste en hacer un uso del tiempo lo más desorganizadamente posible, para así poder disponer de un rato al día en el que haya que hacer las cosas muy rápido, dándonos la sensación de que estamos muy ocupados y nos faltan los minutos. Esta desorganización aparente del tiempo, no es tal ya que está muy inteligentemente planificado todo para lograr el objetivo. Perderlo sin tener la sensación de que se pierde.

La novedad empieza en el momento en el que uno se planta y se hace responsable de los acontecimientos que vive, sin echar la culpa al jefe, la pareja, los hijos, los padres, los políticos, la iglesia, los profesores, etcétera.

 

Si Margarita dejara de creer que vive el sueño americano, y que tiene un marido encantador, un hijo perfecto y feliz, si se parara a pensar que la sensación que ha tenido toda su vida de que no puede hacer las cosas sola, de que no puede expresar sus anhelos más profundos, de que si su pareja o su hijo la abandonaran o murieran, ella no podría vivir; de que si su jefe no le dijera lo buena que es continuamente y le marcara el camino a seguir dentro de la empresa, no sabría cómo seguir adelante por sí misma.

Se hundiría en una depresión que la mantendría drogada y aletargada hasta su último día. En otras palabras, la felicidad y el equilibrio de Margarita no dependen de ella y sus capacidades, sino de saber encontrar gente de la que depender, a la que dar su poder creativo y dejarse guiar por ellos. Margarita nunca podrá trabajar en algún puesto que requiera capacidad organizativa ni haya que tomar decisiones. Jamás podrá tener a su cargo un equipo de personas.

Percibe su limitación y su miedo, pero en lugar de enfrentarse a él, se repite las veces que hagan falta, una serie de justificaciones irrefutables para ella, que le hacen sentir bien porque le permiten creer que no está en su mano cambiar su situación. También ha aprendido a rodearse de amigos que participan de los mismos miedos, para así crear un entorno social en el que la frustración es el pan nuestro de cada día, con el que se puede vivir. Como además goza de una posición económica desahogada, tiene muchas posibilidades de evasión.Patrones de comportamiento heredados. Aprendemos a tener miedo.

De forma que Mario, es un adulto caprichoso y dependiente emocionalmente, que ha aprendido que los problemas los solucionan siempre los demás, no uno mismo, así que cuando no hay nadie que le resuelva un problema, sencillamente lo obvia o huye de él, creyendo que cuando desaparecen las manifestaciones del problema (enfados con amigos, celos en la pareja, conflictos en el trabajo, etc.) desaparece el problema; cuando lo que en realidad desaparecen son los amigos, las parejas o el trabajo.

Como no ha tenido la necesidad como tampoco la tuvo su madre, de solucionar contratiempos, ha tenido pocas oportunidades para cultivar la confianza en sí mismo, esto le ha llevado de forma inconsciente a no valorarse y por lo tanto ni trabaja donde le apetece, ni tiene relaciones sentimentales saludables y equilibradas, ni los amigos que desea, ni el sexo que le satisface. Mario tiene un problema de falta de confianza en sí mismo y dependencia de los demás, que le limita tremendamente y le crea un sentimiento de frustración que invade todas las áreas de su vida, en mayor o menor grado, con picos de ansiedad a lo largo del año, alternados con otros de mayor sosiego emocional.

aprendemos a sufrir

Y esta situación es fruto del amor impregnado de mucha necesidad que sus abuelos sintieron por Margarita en un momento de la historia que a Mario le pilla lejísimos.

Esto por supuesto, es solo un ejemplo. No estoy diciendo que todos los niños de la posguerra española hayan criado a hijos caprichosos y dependientes. Ni que sólo ser caprichoso o dependiente, sea consecuencia de que tus padres estén pendientes de ti. Lo que pretendo es ilustrar algo muy habitual en todos, y es que los patrones de pensamiento aprendidos inconscientemente, generan patrones de conducta que a su vez manifiestan unas relaciones o circunstancias determinadas, que resultan muy limitantes para todos.

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